PSICOLOGÍA
DE LA ADOLESCENCIA
Rebeldes,
contestatarios, activos y a veces demasiado vagos, preocupados por
las cosas más dispares o cultivando un perfecto “pasotismo”.
Son algunos de los rasgos de los adolescentes, repetidos de
generación en generación. Su personalidad cambia
porque también evolucionan psicológica y
emocionalmente.
DEFINICIÓN
DE ADOLESCENCIA
La adolescencia comienza
con la pubertad, es decir, con una serie de cambios fisiológicos
que desembocan en plena maduración de los órganos
sexuales, y la capacidad para reproducirse y relacionarse
sexualmente.
Fountain define cinco cualidades que diferencian a los adolescentes de los
adultos:
-
Sentimientos
especialmente intensos y volubles. -
Necesidad
de recompensas frecuentes e inmediatas. -
Poca
capacidad para examinar la realidad. -
Incapacidad
para la autocrítica. -
Inconsciencia
o indiferencia hacia las cosas y sucesos que no están
relacionados con la propia personalidad.
CAMBIOS
EN LA ADOLESCENCIA
El intervalo temporal en
que transcurre comienza a los 11-12 años y se extiende hasta
los 18-20. Sin embargo no podemos equiparar a un niño de 13
con uno de 18 años.
-
tAdolescencia
temprana (10-13 años):
El pensamiento aun se
plantea con fines muy inmediatos, no tiene demasiada capacidad de
análisis y eso se traduce en que aun no se inicia la
separación de los padres.
Aunque
haya una actitud rebelde no se llega a producir un distanciamiento
interno. En esta etapa tienden a tener más amigos del
mismo sexo y se da mucho más valor al grupo y muy poco a la
pareja.
Son frecuentes las
manifestaciones de mal genio, rabietas, muchas veces dirigidas a los
padres.
-
Adolescencia
media (14-16 años):
La separación de
la familia es más evidente. Los amigos son más
selectivos y ya se inician las actividades en pareja.
Comienzan a desarrollar
el pensamiento abstracto, por lo que necesitan constantemente conocer
diversas alternativas y diferentes puntos de vista.
La excesiva preocupación
por los cambios que están sintiendo da paso a una atención
especial a las relaciones personales.
-
Adolescencia
tardía (17-19 años):
Aparecen las relaciones
de pareja estables, a veces incluso con contacto sexual. La capacidad
de abstraer permite planificar el estudio, el trabajo o la vida en
pareja.
La
relación con la familia vuelve a ser más tranquila y la
actitud hacia los padres es menos crítica y rebelde.
En ocasiones aparece la
“identidad negativa”: el adolescente se opone a los
valores familiares y por eso explora ideas y actitudes diferentes.
DESARROLLO
DE LA PERSONALIDAD
Personalidad: Características únicas del individuo; disposiciones,
temperamento, modos de respuesta habituales y tendencias
definitorias. Existen múltiples definiciones.
Los principales cambios
de personalidad por lo general ocurren en la adolescencia. Ocurren
además importantes diferencias sexuales en el desarrollo de la
personalidad, muchas de las cuales se atribuyen a costumbres
culturales y a expectativas en cuanto a los papeles sexuales.
La adolescencia es un
periodo en el que por lo común se experimenta un aumento de
autosuficiencia si bien se dan algunas reacciones de dependencia al
principio de esta etapa de la vida.
-
RASGOS
ESPECÍFICOS DE LA PERSONALIDAD DURANTE LA ADOLESCENCIA:
-
EXTROVERSIÓN-INTROVERSIÓN:
-
Extroversión: interés y atención del individuo orientados al
exterior, al mundo social. -
Introversión: interés y atención orientados hacia la
interioridad a expensas de los intereses y relaciones con el mundo
social exterior. Una persona introvertida es la que se interesa
principalmente por sus propios pensamientos y sentimientos.
A la
adolescencia se la ha descrito como un periodo de introversión,
y algunos escritores hablan de una “crisis de introversión”
que surge alrededor d los 14-15 años.
-
ANSIEDAD
Y HOSTILIDAD:
Las
relaciones recíprocas entre ansiedad y hostilidad son
estrechas y una puede conducir inevitablemente a la otra. Por
ejemplo, una persona ansiosa, al tratar de hallar remedio o
justificación para sus sentimientos puede desembocar en una
conducta hostil.
Por otro
lado, la hostilidad a menudo conduce a la ansiedad. La situación
en conjunto puede convertirse en un círculo vicioso.
Tanto la
hostilidad como la ansiedad, pueden tener su origen en la falta de
habilidad para afrontar problemas.
En la
mayoría de los adolescentes la hostilidad tiende a permanecer
como un factor oculto. Sin embargo, puede manifestarse en formas
tales como la rebeldía en contra de la autoridad de los
adultos. Por ejemplo: el ocio, el consumo de drogas, conductas
delictivas, fracaso escolar... Todas estas conductas producen
ansiedad.
Cuanto más
joven y menos experimentado sea un adolescente, más probable
será que el ambiente le produzca ansiedad.
La adolescencia es un
periodo en el cual hay un ajuste progresivo y una disminución
de la ansiedad e inseguridad dependiendo del éxito que obtenga
el sujeto al enfrentar problemas.
EL
MUNDO SOCIAL DE LOS ADOLESCENTES
-
FORMACIÓN
DE AMISTADES:
Amistades: Relaciones especiales entre dos personas que se cuidan una a
otra y comparten partes importantes de sus vidas. Hay que distinguir
las amistades de las relaciones amistosas, y los amigos de los
conocidos.
Las
relaciones con los amigos son vínculos entre individuos
relativamente similares en conocimiento y poder. Es en estas
relaciones donde los jóvenes elaboran sus habilidades
sociales, empiezan a aprender acerca de las complejidades de
competencia y cooperación entre iguales, y alcanzan por
primera vez la intimidad en las relaciones sociales.
En general tener amigos
se considera un importante logro social, un indicador de destrezas
interpersonales y una señal de buena adaptación tanto
en adolescentes como en adultos.
-
PERTENECIA
A UN GRUPO DE COMPAÑEROS:
Junto a la
formación de amistades cada vez más profundas, los
adolescentes están cada vez más interesados en
pertenecer a algún grupo de compañeros de su misma edad
con los que compartir intereses y actitudes comunes. El atractivo de
pertenecer a un grupo deriva del nivel transicional evolutivo con el
que los niños llegan a la pubertad y del deseo de separarse de
los padres.
Normalmente
los jóvenes forman grupos o culturas propias que existen ante
todo para proporcionarles un sentido de pertenencia. Involucrarse en
estos grupos proporciona a los adolescentes oportunidades de
compartir la responsabilidad sobre sus propios asuntos, de
experimentar conjuntamente formas de abordar situaciones nuevas y de
aprender de los errores de los demás.
Generalmente las culturas
adolescentes prescriben gustos en el lenguaje, la vestimenta, el
peinado, las actividades de ocio, la música, que difieren de
los gustos de los adultos. Estas pautas de grupo proporcionan a los
jóvenes cierto alivio reconfortante al no tener que tomar
decisiones propias y amplían su sentido de pertenencia a un
grupo claramente identificable que no está dirigido por
adultos.
-
Conformismo:
Una persona
que hace lo que redicen los demás, o lo que cree que quieren o
esperan que haga, a fin de causar una impresión favorable.
Los adolescentes son más susceptibles que las personas de
otras edades de preocuparse durante un tiempo por ajustarse a los
valores y prácticas de su grupo de compañeros.
-
Popularidad:
La
popularidad es la simpatía que despiertan las personas en los
grupos a los que pertenecen. Que un individuo sea popular significa
que los demás lo consideren alguien cuya compañía,
amistad y estima desearían tener. Ser popular ayuda a los
jóvenes a disfrutar de su vida y a sentirse bien consigo
mismos.
Los
adolescentes populares en un grupo tienden a ser jóvenes
afectuosos, amables, cariñosos y cooperativos que se preocupan
de sus compañeros y son sensibles a sus necesidades.
Participan activamente en lo que hace el grupo y a menudo toman la
iniciativa proponiendo actividades y tratando de incorporar a ellas a
los miembros del grupo en cuanto al vestido, el lenguaje y la
conducta, a menudo porque son iniciadores de tendencias cuyo ejemplo
es seguido por los otros. Cuando surgen conflictos, los abordan
directamente y, para resolverlos, adoptan un enfoque tranquilo.
Los jóvenes
que carecen de popularidad se encuadran por lo general en dos grupos
diferentes:
-
Los que sufren rechazo.
-
Los que sufren indiferencia. Éstos
pueden ser aceptados en su grupo de compañeros, incluso
admirados por alguna de sus cualidades; no obstante, dado que sus
relaciones con los demás miembros del grupo tienden a ser
distantes y su implicación en las actividades grupales
mínima, casi nunca son populares.

-
NOVIOS:
-
Empezar
a salir:
Normalmente los jóvenes
empiezan a salir en pareja durante la adolescencia temprana o media.
La edad promedio real de este inicio varía mucho entre grupos
de adolescentes de medios diferentes. Por lo general, los
adolescentes empiezan a tener novio cuando su vecindario, su escuela
y su grupo étnico y socioeconómico lo aprueban y
estimulan.
La conducta de salir con
novios está determinada ante todo por normas culturales, no
por el desarrollo biológico.
Cuando empieza la
relación de novios ésta consiste normalmente en una
interacción estratégica tras otra; no es una relación
amorosa, ni una compañía agradable, ni siquiera una
actividad divertida en sí misma, sino un esfuerzo por el que
los adolescentes hacen lo que creen que se espera de ellos sin dejar
que su inexperiencia y sus dudas los hagan parecer estúpidos.
El
patrón tradicional según el cual los chicos proponen
salir y las chicas aceptan o no, todavía es la práctica
predominante y tanto la pregunta como la respuesta pueden conllevar
algunas decisiones difíciles. Un chico que duda de si
proponerle salir a una chica en concreto puede sorprenderse sopesando
de conseguir la cita y los inconvenientes de ser rechazado. Cuanto
más atractiva y popular sea la chica, más contento
estará si ella acepta, pero también es más
probable que tenga la decepcionante experiencia de ser rechazado. Si
la chica no es especialmente atractiva y popular, él tendrá
más posibilidades de conseguir una cita, pero el hecho de que
ella acepte no le resultará tan gratificante.
Sea
cual fuere la forma en que se les presentan las invitaciones, a las
chicas les puede resultar difícil decidir cuál aceptar.
Cuando a una chica se le acerca un chico que a ella no le gusta y le
propone salir, ella debe decidir si acepta sólo para tener
algún tipo de cita, sobre todo si es para un acontecimiento
especial, o rechazarla y esperar que aparezca otro que le guste más,
lo que significa correr el riesgo de acabar no teniendo ninguna. Por
otra parte, cuando una chica quiere salir con un chico en concreto
tiene que adoptar una actitud intermedia entre mostrarse demasiado
remilgada y reservada (en cuyo caso él quizá no le
preste atención) o evidenciar en exceso sus sentimientos (en
cuyo caso puede que se gane una indeseada reputación de
coqueta o “ligona”.
Tanto para los chicos
como para las chicas, cuando están al principio de sus
experiencias de salir con parejas, las satisfacciones y los
desengaños a la hora de conseguir citas giran en torno a la
audiencia de los compañeros. Lo que cuenta no es el tiempo
pasado a solas con el novio/a, sino tenerlo y hacer que los otros lo
sepan; y cuanto más popular es la pareja, más
favorecida resulta la autoestima de uno.
Los besos de despedida,
aunque normalmente se dan en la intimidad, originan también un
montón de dudas sobre qué esperan las otras personas y
cómo preservar la autoestima. El chico, del que normalmente se
espera que inicie el beso, ha de preocuparse de si será
rechazado o, todavía peor, de si la torpeza de su esfuerzo va
a provocar la risa de ella. Puede decidir no intentarlo, pero
entonces se arriesga a ser considerado un cobarde o a que la chica
crea equivocadamente que ella no le gusta lo bastante. La chica ha de
decidir cuándo y a quién permitir un beso: no demasiado
pronto o con cualquiera, de lo contrario se a arriesga a perder el
respeto del chico y arriesgarse a ser considerada una
“calilentabraguetas”, ni demasiado tarde so pena de que
el chico pierda el interés y la considere una “estrecha”.
Este
problema no tiene fácil solución. Lo que sucede
normalmente es que los principiantes utilizan una serie de
interacciones estratégicas expresadas en palabras, gestos para
transmitir su nivel de interés en besar o ser besados para
ahorrarse mutuamente tantas molestias como sean posibles. Por
ejemplo, una chica que se apresura escaleras arriba cuando llega a su
casa le está diciendo a su novio algo acerca de si debe tratar
de darle o no un beso de despedida, mientras que otra que avanza poco
a poco, se queda junto a él y lo sujeta del brazo le está
comunicando algo distinto.
-
SOLEDAD
Y TIMIDEZ:
Para los jóvenes
que tienen dificultades en formar amistades íntimas y
pertenecer a grupos, los años adolescentes pueden comportar el
fruto amargo de la soledad.
Soledad: experiencia desagradable y angustiosa en la que las
relaciones del individuo no llegan a satisfacer sus necesidades de
compañerismo. Cuanto mayor sea el vacío existente entre
la amistad e intimidad que a una persona le gustaría tener y
la que tiene realmente a su disposición en la vida, más
sola es probable que se sienta.
La mayoría de las
personas experimentan momentos dolorosos de soledad algunas veces,
cuando un cambio en las relaciones o circunstancias poco habituales
le privan de su compañerismo habitual. Estos momentos
pasajeros de soledad situacional casi nunca afectan al modo en que
las personas sienten sobre sí mismas; por lo general, pueden
atribuirse a acontecimientos externos sobre los que el individuo no
tiene ningún control. Sin embargo, la soledad que persiste o
es recurrente favorece a menudo sentimientos de alienación y
de incapacidad social, sobre todo entre los adolescentes.
La
alienación de los compañeros se experimenta como una
sensación extremadamente angustiosa de estar aislado buena
parte de lo que la vida ofrece. No hay nadie con quien hablar, con
quien compartir nada, ni si quiera con quien ir caminando al
instituto, sentarse a comer o asistir a algún acontecimiento
especial. No es que nadie se interese por uno; la mayoría de
los adolescentes solitarios tienen padres que se preocupan mucho de
ellos. Son los compañeros los que parecen n o tener interés,
y las actitudes de éstos significan mucho en el modo en que
los jóvenes se sienten consigo mismos, en especial durante la
adolescencia temprana y media. Los jóvenes alienados se
vuelven espectadores pasivos cuyo mundo les pasa de largo sin
hacerles caso; solos e ignorados, contemplan con envidia cómo
sus compañeros de clase realizan las actividades de la
adolescencia sin ellos.
Los adolescentes que se
sienten solos también se suelen sentir inferiores a otras
personas, incapaces de imponerse socialmente y de hacer amigos y
conservarlos, e incompetentes en las actividades académicas y
deportivas, así como en las situaciones sociales.
Se ha observado que los
jóvenes que declaran sentirse solos participan en menos
actividades sociales que sus compañeros menos solitarios,
tienen menos amigos y experimentan menos intimidad y reciprocidad en
sus amistades.
Dado
que los adolescentes están buscando nuevos tipos de relaciones
en los grupos de compañeros al tiempo que van aflojando los
lazos de la infancia con sus padres, se vuelven especialmente
susceptibles de experimentar la soledad. En los años de la
adolescencia temprana y media, los jóvenes se enfrentan al
hecho de separarse de una serie de relaciones antes de que se
establezcan otras nuevas de manera sólida. Algunos
adolescentes optan por seguir siendo infantiles antes de aceptar este
reto..
Como línea de
conducta preferida la mayoría de los jóvenes afrontan
el dolor de renunciar a los lazos de la infancia y soportan cierta
soledad mientras sustituyen estos vínculos por nuevas
relaciones y actividades más estimulantes.
Las
personas persistentemente solitarias suelen ser torpes y poco
enérgicas al hacer propuestas sociales, muy tímidas y
enormemente sensibles a la más mínima insinuación
de desagrado o rechazo. Una palabra habitual para este patrón
de incompetencia social, sobre todo cuando se combina con
sentimientos de insuficiencia y sensibilidad al rechazo, es timidez. La timidez se define por una pauta de conducta
caracterizada por la ansiedad social y la inhibición
interpersonal que surge en situaciones que suscitan la posibilidad de
ser evaluados por los demás. En estas situaciones, las
personas tímidas están motivadas más por la
necesidad de protegerse a sí mismas que por el deseo de
expresarse.
Igual que la soledad, la
timidez es una experiencia psicológica angustiosa a la que los
adolescentes son especialmente vulnerables, sobre todo durante los
años de la juventud temprana. Al enfrentarse a un mayor número
de personas que antes y al esperarse de ellos que actúen como
adultos, si bien aún carecen de las habilidades sociales que
la posterior maduración y experiencia acumulada les ayudarán
a adquirir, los es estudiantes de instituto de bachillerato elemental
tienen más probabilidades de sentirse tímidos y de
comportarse tímidamente que los de la escuela primaria o del
instituto de secundaria.
TENGO
ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES
Has participado en clase,
has hecho todos los deberes, has hincado los codos a la hora de
estudiar y crees que dominas bastante la materia. Pero llega el día
el examen. De repente, te quedas completamente en blanco, bloqueado,
como si estuvieras congelado, o te pones tan nervioso que eres
incapaz de responder a esas preguntas que te sabías la noche
anterior.
Si todo eso te parece
familiar, es bastante probable que padezcas ansiedad ante los
exámenes -esos nervios extremos que algunas personas
experimentan cuando hacen un examen.
Es bastante normal estar
un poco nervioso y estresado antes de un examen. Es algo que le
ocurre a todo el mundo. Y cierta dosis de ansiedad anticipatoria, de
hecho, te puede ayudar a ponerte manos a la obra y a mantener un
rendimiento alto mientras haces el examen. Pero en algunas personas
esa ansiedad es sumamente intensa. Se ponen tan nerviosas antes de
hacer el examen que su nerviosismo interfiere en su concentración
y su rendimiento.
-
¿Qué
es la ansiedad ante los exámenes?
La
ansiedad ante los exámenes es un tipo de ansiedad
de ejecución (lo que puede experimentar una persona en una situación donde
importa mucho el rendimiento o la correcta ejecución de una
tarea o existe una gran presión por hacer las cosas bien). Por
ejemplo, una persona puede experimentar ansiedad de ejecución
cuando va a salir al escenario en una obra de teatro, cantar un solo
en un escenario, prepararse para tirar a la canasta, subirse a la
plataforma de inmersión en una reunión de submarinistas
o hacer una entrevista importante.
Como
en cualquier otra situación donde una persona puede
experimentar ansiedad de ejecución, en un examen, la ansiedad
puede hacer que sienta que se le hace un nudo en la garganta, o tenga
molestias gastrointestinales o un dolor de cabeza tensional. A
algunas personas les tiemblan y/o les sudan las manos y el corazón
les late más deprisa de lo habitual mientras esperan a que les
repartan el examen. Un estudiante con una ansiedad ante los exámenes
muy intensa hasta puede tener diarrea o ganas de vomitar.
La
ansiedad ante los exámenes no se debe confundir con hacer mal
un examen porque uno tiene la cabeza en otro sitio. La mayoría
de personas saben que el hecho de tener otras cosas en la cabeza -
como una ruptura sentimental o la muerte de una persona cercana -
también puede interferir en la concentración e impedir
que hagan bien un examen.
-
¿Qué
la provoca?
Todo
tipo de ansiedad es una reacción ante la anticipación
de algo estresante. Al igual que cualquier otra reacción de
ansiedad, la ansiedad ante los exámenes afecta tanto al cuerpo
como a la mente. Cuando una persona está bajo estrés,
su cuerpo libera una hormona denominada adrenalina,
que la prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se
denomina reacción de "lucha o huída "). Esto
es lo que provoca los síntomas corporales, como el sudor y la
aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración.
Estas sensaciones pueden ser leves o intensas.
Centrarse
en lo malo que podría ocurrir también alimenta la
ansiedad de ejecución. Por ejemplo, una persona a quien le
preocupa hacer mal un examen puede tener pensamientos como: "¿Y
si me quedo en blanco?" o "¿Y si el examen es
demasiado difícil?". Si tenemos demasiados pensamientos
como éstos, no nos quedará espacio en la mente para
concentrarnos en las preguntas del examen. Las personas con ansiedad
ante los exámenes también se pueden sentir estresadas
por sus reacciones corporales y pensar cosas como "¿Y si
vomito?" o bien "¡Oh no, me están temblando
las manos!"
Como
cualquier otro tipo de ansiedad, la ansiedad ante los exámenes
puede crear un círculo vicioso: cuanto más se centra
una persona en las cosas malas que le pueden ocurrir, más se
intensifica la ansiedad. Esto hace que la persona se encuentre peor
y, al estar su mente llena de pensamientos y miedos estresantes, más
aumentan las probabilidades de que le salga mal el examen.
-
¿Qué
personas son más proclives a tener ansiedad ante los
exámenes?
Las
personas que tienden a preocuparse mucho por las cosas o que son muy
perfeccionistas tienen más probabilidades de tener problemas
de ansiedad. A este tipo de personas a veces les cuesta mucho aceptar
los errores que podrían cometer o sacar menos de un 10. De
este modo, incluso sin pretenderlo, pueden estar presionándose
demasiado a sí mismos. En este tipo de situaciones es fácil
que aparezca la ansiedad ante los exámenes.
Los
estudiantes que no se han preparado bien el examen pero a quienes les
importan los resultados que pueden obtener también es probable
que experimenten ansiedad ante los exámenes. Si sabes que no
te has preparado el examen, es lógico que te preocupe sacar
mala nota. Una persona puede tener la sensación de que no está
preparada para hacer un examen por diversos motivos: puede no haber
estudiado lo suficiente, puede encontrar demasiado difícil la
materia, o tal vez esté cansado porque no ha dormido lo
suficiente la noche previa al examen.
-
¿Qué
puedes hacer?
La
ansiedad ante los exámenes se puede convertir en un verdadero
problema cuando una persona se estresa tanto al hacer un examen que
no puede controlar los nervios a fin de concentrarse en las preguntas
del examen y dar lo máximo de sí misma. De todos modos,
sentirse preparado para afrontar el reto puede ayudar a mantener la
ansiedad ante los exámenes a un nivel manejable.
-
Utiliza
un poco de estrés a tu favor. El estrés es el mecanismo de aviso de tu cuerpo -es una señal
que te ayuda a prepararte para algo importante que está punto
de suceder. Utilízalo en tu propio beneficio: en vez de
reaccionar ante el estrés amedrentándote, lamentándote
o quejándote del examen con tus amigos, adopta un enfoque
activo. Deja que el estrés te recuerde que debes prepararte
bien el examen con antelación. Lo más probable es qué
así evites que el estrés te domine. Después de
todo, a nadie le estresan pensamientos sobre lo bien que le puede ir un examen. -
Pide
ayuda. A pesar de que cierta dosis de ansiedad ante los exámenes
puede ser positiva, una dosis excesiva es otro cantar. Si, cuando te
reparten el examen, te pones tan nervioso que se te queda la mente
en blanco y se te olvida una materia que te sabías,
probablemente necesitas ayuda para controlar el nivel de ansiedad
ante los exámenes. Tu profesor, tu tutor o el psicólogo
escolar pueden ser importantes fuentes de información, a
quienes puedes acudir si sueles padecer ansiedad ante los exámenes.
-
Prepárate
bien el examen. Algunos alumnos creen que lo único
que necesitan para aprenderse la materia y hacer bien los exámenes
es asistir a clase. Pero para aprenderse una materia hace falta
mucho más que intentar absorber toda la información en
clase. Por eso son tan importantes los buenos hábitos de
estudio y las buenas técnicas de estudio- y por eso ninguna
"empollada" la noche antes del examen permite obtener el
nivel de comprensión más profundo que se consigue
estudiando regularmente. Muchos estudiantes comprueban que su a
ansiedad ante los exámenes disminuye cuando empiezan a
estudiar mejor o más regularmente. Tiene sentido - cuanto
mejor te sepas la materia, más seguro te sentirás y
esperarás hacerlo mejor. Si esperas hacerlo bien, estarás
más relajado mientras haces el examen después de los
primeros momentos de nerviosismo.
-
Controla
tus pensamientos. Si el hecho de esperar hacer bien un examen te puede ayudar a
relajarte, ¿qué ocurrirá cuando esperes hacerlo mal?
Fíjate en cualquier mensaje negativo que te puedes estar
enviando a ti mismo, ya que ese tipo de mensajes pueden contribuir a
tu ansiedad. Si te das cuenta de que estás teniendo
pensamientos negativos ("No se me dan bien los exámenes"
o "Si suspendo este examen, lo tengo fatal"), sustitúyelos
por pensamientos positivos. Por descontado, no los sustituyas por
mensajes positivos que no sean realistas, sino por mensajes
prácticos y verdaderos, como: "He estudiado y me sé
la materia, de modo que estoy preparado para hacerlo lo mejor que
puedo". (Ni que decir tiene que, si no has estudiado, ¡este
mensaje no te ayudará mucho!)
-
Acepta
tus errores. Otra cosa que puedes hacer es intentar relativizar los errores que
cometas - sobre todo si eres muy perfeccionista y tiendes a ser muy
crítico contigo mismo. Todo el mundo comete errores, y tal
vez hayas oído en boca de tus profesores o entrenadores que
los errores son "oportunidades de aprendizaje". Aprender a
tolerar los errores sin importancia - como el problema que hiciste
mal en el examen sorpresa de matemáticas - es una facultad
muy valiosa.
-
Cuídate. También te puede ayudar el hecho de aprender formas de
tranquilizarte y de centrarte cuando estás tenso o ansioso. A
algunas personas les bastará con aprender técnicas de
respiración. Si practicas regularmente los ejercicios de
respiración (cuando no estés estresado), tu cuerpo
aprenderá a ver esos ejercicios como una señal para
relajarse.
Y, por descontado, cuidando de tu salud - por ejemplo,
durmiendo lo suficiente, haciendo ejercicio físico y comiendo
de forma saludable - ayudarás a tu mente a rendir al
máximo.
Todo aprendizaje requiere tiempo y práctica,
y aprender a superar la ansiedad ante los exámenes no es
diferente. Aunque no es algo que vaya a desparecer de la noche a la
mañana, el hecho de afrontar y aprender a controlar la
ansiedad ante los exámenes te ayudará a aprender a
controlar el estrés, lo que te será de gran ayuda en
muchas otras situaciones, aparte de los exámenes.
CINCO
FORMAS DE CURAR UN CORAZÓN ROTO
Si sientes que se te ha
"partido el corazón", no estás solo. Casi
todo el mundo experimenta el tipo de aflicción que denominamos
"mal de amores" en algún momento de su vida -y
algunas personas parecen pasar por este tipo de experiencias muchas
veces en la vida. ¡A veces parece como si todas esas canciones
sobre corazones rotos se hubieran escrito precisamente para ti y la
situación que estás viviendo!
Hay muchas cosas que te
pueden provocar "mal de amores" o que pueden partirte el
corazón. Algunas personas experimentan una profunda tristeza
cuando una relación romántica llega a su fin antes de
que ellas estén preparadas. Otras se enamoran de alguien que
no siente lo mismo por ellas. O una persona puede sentir que se le
"parte el corazón" cuando un buen amigo desaparece
de su vida. Aunque las causas pueden ser diferentes, la sensación
de pérdida es la misma -independientemente de que se trate de
la pérdida de algo real o de algo con lo que sólo se
había soñado. La gente describe este tipo de
experiencias como un sentimiento de profunda amargura, vacío,
y tristeza.
A Cristina, de 17 años,
se le partió el corazón cuando ella y su novio
decidieron poner fin a su relación antes de iniciar sus
estudios universitarios en dos universidades que estaban alejadas
geográficamente. Ambos consideraron que una relación a
distancia probablemente no funcionaría con ellos y sabían
en lo más hondo de sus corazones que, si estaban hechos el uno
para el otro, encontrarían la forma de volver a estar juntos
cuando completaran sus estudios. Pero seguía siendo muy duro y
sumamente triste tener que poner fin a una relación de dos
años y medio.
Aunque
los poetas llevan miles de años escribiendo sobre el mal de
amores, cuando te ocurre a ti, lo sientes como si ninguna otra
persona en el mundo se hubiera sentido jamás del mismo modo.
Si te estás recuperando de una experiencia de este tipo, hay
cosas que puedes hacer para aliviar el sufrimiento. Aquí
tienes algunos consejos que te pueden ayudar.
-
Comparte
tus sentimientos. Algunas personas encuentran que el hecho de compartir sus
sentimientos con alguien de confianza -alguien que se haga eco de lo
que están pasando- les ayuda a sentirse mejor. Esto puede
implicar expresar todo lo que sientes, e incluso llorar en el hombro
de un buen amigo o familiar y dejar que éste te consuele. A
otros les ayuda más salir de casa y hacer aquellas cosas que
normalmente disfrutan haciendo, como ir al cine o a un concierto,
para desconectar del sufrimiento. Es posible que la gente, con sus
mejores intenciones, no entienda la profundidad de tus sentimientos
e intente animarte con afirmaciones como "lo superarás"
o "ya conocerás a otra persona". Probablemente esas
personas están intentando ayudarte de la única forma
que saben. Pero, si tienes la sensación de que determinada
persona es incapaz de entender por lo que estás pasando o
intenta minimizar tus sentimientos, habla con alguien que te
entienda mejor.
-
Cuídate. Tener partido el corazón puede ser muy estresante, de modo
que no permitas que interfiera con tu ritmo de sueño: tu
cuerpo necesita descansar para reponerse. Duerme mucho, come
alimentos saludables y haz ejercicio regularmente para reducir el
estrés y los sentimientos depresivos, e intente elevar tu
autoestima. -
Recuerda
todas las cosas buenas que tienes. A veces las personas que tienen partido el corazón se echan
las culpas por lo ocurrido. Pueden ser muy duras consigo mismas,
exagerando sus faltas como si hubieran hecho algo para merecer el
sufrimiento que están experimentando. Si te das cuenta de que
te está ocurriendo esto, ¡corta de raíz!
Recuérdate las cualidades que tienes y, si no se te ocurre
ninguna porque el dolor te ofusca la mente, pide a tus amigos que te
ayuden a recordar todas las buenas cualidades que tienes.
-
Mantente
ocupado. Puede costarte bastante cuando estés sumido en la tristeza y
dominado por el sentimiento de pérdida, pero ayuda mucho. Es
un buen momento para redecorar tu habitación o probar una
nueva afición (hobby). Esto no significa que no debas pensar
en lo ocurrido -reflexionar sobre lo que nos ha sucedido forma parte
del proceso de curación - sino que también debes
centrar tu atención en otras cosas.
-
Date
tiempo. Para superar la tristeza hace falta tiempo. Casi todo el mundo cree
que nunca se repondrá completamente, pero el espíritu
humano es sorprendente -y los males de amores casi siempre se curan
al cabo de un tiempo. Pero, ¿cuánto tardarás en
superarlo? Eso dependerá de qué fue lo que te partió
el corazón, cómo afrontaste la pérdida y con
qué rapidez tiendes a recuperarte de las experiencias.
Recomponer un corazón roto puede costar sólo unos días
o muchas semanas - y a veces incluso meses.
Algunas
personas sienten que nunca volverán a ser felices y se
refugian en el alcohol o las drogas. Otros se enfadan muchísimo
e intentan hacerse daño o hacer daño a otras personas.
Las personas que empiezan a beber, a consumir drogas, o a
autolesionarse para evadirse de la realidad de la pérdida
pueden creer que están mitigando el dolor, pero se tratará
de un alivio meramente temporal. Esas personas no están
afrontando realmente su dolor, sino tan sólo enmascarándolo,
lo que hará que sus sentimientos crezcan en su interior y, a
la larga, prolongará su sufrimiento.
A
veces la tristeza es tan profunda -o dura tanto tiempo- que la
persona necesita ayuda profesional para reponerse. Para aquellas
personas que al cabo de unas semanas no se empiezan a encontrar mejor
o siguen estando deprimidas, puede ser de gran ayuda hablar con un
profesional de la salud mental o psicoterapeuta.
O
sea que ten paciencia contigo mismo y deja que empiece el proceso de
curación.
ESTRES
¿Sientes
demasiada tensión emocional y que se te exige demasiado? ¿No
duermes bien preocupado por los exámenes y las tareas
escolares? ¿Comes de prisa porque estás demasiado
ocupado? No estás solo. Todos - adultos, adolescentes y hasta
los niños - pasan por momentos de estrés. Sin embargo,
hay formas de reducirlo y hacer frente a lo que es inevitable.
-
¿Qué
es el estrés?
El
estrés es una sensación que creamos al reaccionar a
ciertos eventos. Es la manera en la que el cuerpo se enfrenta a un
reto y se prepara para actuar ante una situación difícil
con enfoque, fortaleza, vigor y agudeza mental.
Los
eventos que provocan el estrés cubren una variedad de
situaciones - desde verse en peligro físico hasta hacer una
presentación en clase o tomar un semestre con la asignatura
más difícil.
El
cuerpo humano responde a estas situaciones activando el sistema
nervioso y ciertas hormonas. El hipotálamo envía
señales a las glándulas
adrenales para que produzcan más adrenalina y cortisol y envíen
estas hormonas al torrente circulatorio. Estas hormonas aumentan la
frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, la presión
arterial y el metabolismo. Los vasos sanguíneos se ensanchan
para permitir una mayor circulación sanguínea hacia los
músculos, poniéndolos en alerta. Las pupilas se dilatan
para mejorar la visión. El hígado libera parte de la
glucosa almacenada para aumentar la energía del cuerpo. Y el
cuerpo produce sudor para refrescarse. Todos estos cambios físicos
preparan a la persona para reaccionar rápidamente y
eficazmente cuando siente tensión emocional. Esta reacción
se conoce como respuesta
al estrés.
Cuando funciona como es debido, esta reacción es la mejor
forma para que la persona funcione bajo presión. Pero la
respuesta al estrés también puede causar problemas
cuando es extrema.
-
El
estrés bueno y el malo
La
respuesta al estrés (respuesta
de combate o fuga)
es crítica en situaciones de emergencia, como cuando un
conductor tiene que frenar el auto repentinamente para evitar un
accidente. También se activa en una forma más sencilla
cuando la persona está tensa, aunque no corra peligro - como
cuando tu batazo puede ganar el juego; cuando te preparas para una
fiesta o cuando estás haciendo un examen final. Un poco de
estrés de este tipo puede ayudarte a mantenerte atento, listo
para hacerle frente a cualquier reto. Y el sistema nervioso vuelve a
su normalidad, listo para responder de nuevo cuando sea necesario.
Pero
el estrés no es siempre una reacción a cosas inmediatas
o momentáneas. Eventos progresivos o a largo plazo, como un
divorcio o el traslado a un nuevo vecindario o escuela, también
pueden causar estrés. Las situaciones a largo plazo pueden
producir un estrés de poca intensidad, pero perdurable,
ocasionando dificultades a la persona. El sistema nervioso siente una
tensión continua y se mantiene relativamente activo a fin de
continuar liberando hormonas adicionales durante un período de
tiempo prolongado. Esto puede agotar las reservas del cuerpo,
haciendo que la persona se sienta agotada o abrumada, debilitando el
sistema inmunológico del cuerpo y ocasionando otros problemas.
-
¿Qué
causa una sobrecarga de estrés?
Aunque
una suficiente cantidad de estrés puede ser buena, una
sobrecarga es algo aparte - nadie se beneficia por demasiado estrés.
Por ejemplo, tener un poco de estrés porque tienes un examen
puede motivarte a estudiar más. Pero cuando el examen te causa
mucho estrés, te concentras menos en la materia que necesitas
aprender.
Las
presiones que son extremadamente intensas, que perduran por mucho
tiempo, o los problemas que hay que afrontar sin ayuda, pueden
ocasionar una sobrecarga de estrés. A continuación
mencionamos varias situaciones que pueden ser agobiantes si continúan
por largo tiempo:
-
ser
víctima de intimidación o estar expuesto a violencia o
lesiones físicas. -
relaciones
tensas, conflictos familiares, la tristeza ocasionada por un corazón
quebrantado, o el fallecimiento de un ser querido. -
problemas
continuos en la escuela ocasionados por un problema de aprendizaje o
cualquier otro problema como (ADHD) - trastorno de falta de atención
por hiperactividad, el cual deja de causar estrés una vez que
se reconoce y se trata con el apoyo adecuado. -
estar
siempre apurado, no tener tiempo para descansar y relajarse, y estar
siempre en movimiento.
Algunas
veces el estrés es extremo y necesita atención
especial. El trastorno de estrés post-traumático es una
reacción muy fuerte que puede producirse en personas que han
pasado por una situación extremadamente traumática,
como un accidente automovilístico grave, un desastre natural
como un terremoto, o una agresión como la violación
sexual.
Algunas
personas tienen problemas de ansiedad que causan reacciones extremas
de estrés, convirtiendo pequeñas dificultades en crisis
mayores. Si una persona se siente tensa, enojada o preocupada o
tensa con frecuencia, es posible que sufra de ansiedad. Los problemas
de ansiedad generalmente necesitan atención, y muchas personas
buscan la ayuda de un consejero profesional para superarlos.
-
Señales
de sobrecarga de estrés
Las
personas que están pasando por una sobrecarga de estrés
muestran algunos de los siguientes síntomas:
-
ansiedad o ataques de
pánico -
constante
presión, confusión y apresuramiento -
irritabilidad y
melancolía -
síntomas físicos:
problemas estomacales, dolores de cabeza y dolores de pecho -
reacciones alérgicas:
eczema y asma -
problemas del sueño
-
beber en exceso, comer
en exceso, fumar o usar drogas -
tristeza o depresión
Todas
las personas sienten el estrés de una manera diferente.
Algunas personas se enfadan, comportándose de manera poco
apropiada y desquitándose con los demás. Otras personas
lo esconden y comienzan a padecer de problemas alimentarios o abuso
de sustancias ilegales. Las personas que padecen de una enfermedad
crónica también notan que los síntomas de su
enfermedad se acrecentan cuando tienen una sobrecarga de estrés.
-
Mantén
el estrés bajo control
¿Qué
puedes hacer para manejar la sobrecarga de estrés, o mejor
aún, eliminarla? El mejor método para hacerle frente al
estrés es aprender a manejar el estrés que acompaña
cualquier reto; ya sea bueno o malo. El arte de manejar el estrés
se va perfeccionando si se usa con regularidad, no solamente cuando
se está bajo presión. Saber cómo eliminar el
estrés y hacerlo durante situaciones calmadas puede ayudarte a
pasar por circumstancias difíciles que puedan surgir. A
continuación mencionamos varias sugerencias que ayudan a
controlar el estrés:
-
No
te sobrecargues con actividades. Si te sientes tenso, piensa en eliminar una o dos actividades,
optando por mantener las más importantes. -
Se
realista. No trates de ser perfecto - nadie lo es. Esperar perfección
de los demás aumenta el nivel de tu estrés (sin
mencionar la presión que ejerce sobre los demás). Si
necesitas ayuda con algo, como el trabajo escolar, pídela. -
Duerme
bien. Cuando se duerme la cantidad de horas necesarias, el cuerpo y la
mente se mantienen en buen estado, pudiendo manejar cualquier
situación negativa que cause estrés. Debido a que el
"reloj del sueño" biológico cambia durante
la adolescencia, muchos adolescentes prefieren acostarse más
tarde en la noche y dormir más tarde en la mañana.
Pero si te acuestas tarde y tienes que levantarte temprano para ir a
la escuela, no dormirás la cantidad de horas necesarias. -
Aprende
a relajarte. El antídoto natural del cuerpo para el estrés se llama
respuesta de relajamiento. Es lo opuesto al estrés y crea una
sensación de calma y bienestar. Los beneficios químicos
de la respuesta de relajamiento pueden activarse simplemente
relajándote. Puedes provocar la respuesta de relajamiento si
aprendes unos simples ejercicios de respiración y los usas
cuando estés en una situación que te cause estrés.
(Haz "click" en el botón para aprender sobre una).
Asegúrate de mantenerte relajado y de tomar tiempo para
disfrutar de actividades que te calmen y sean placenteras: leer un
buen libro, tomar tiempo para disfrutar de tu pasatiempo favorito,
jugar con tu animalito preferido, o darte un baño relajante. -
Cuida
tu cuerpo. Los expertos están de acuerdo en que ejercitarse con
regularidad ayuda a las personas a manejar el estrés. (El
ejercicio excesivo o compulsivo puede contribuir al estrés,
por lo tanto, debe hacerse con moderación) Aliméntate
bien para que tu cuerpo funcione de la mejor forma posible. Cuando
sientes estrés, es fácil comer apresuradamente y comer
comidas rápidas o que no son nutritivas. Cuando tienes
estrés, tu cuerpo necesita más vitaminas y minerales
que nunca. Algunas personas usan drogas para escapar de la tensión
emocional. Aunque parezca que el alcohol y las drogas alivian la
tensión emocional momentáneamente, la realidad es que
depender de ellos causa más estrés porque afecta
la habilidad natural del cuerpo para recuperarse. -
Cuida
tus pensamientos. Tus perspectivas, actitud y pensamientos influyen mucho en la manera
en que percibes las situaciones. ¿Está tu copa medio
llena o medio vacía? Una buena dosis de optimismo te
ayudará a salir adelante en situaciones difíciles.
Aunque no tengas práctica o seas algo pesimista, todos
podemos aprender a pensar con más optimismo y disfrutar de
los beneficios. -
Resuelve
los problemas sencillos. Aprender
a resolver los problemas cotidianos te hace sentir en control.
Evitarlos puede hacerte sentir que tienes poco control de la
situación, causándote todavía más
estrés. Aprende a evaluar la situación con calma, a
pensar en las opciones que tienes, y a tomar los pasos necesarios
para resolver el problema. Cuando te sientes capaz de resolver
problemas pequeños, tendrás la confianza necesaria
para resolver problemas más complejos - lo cual te ayudará
en situaciones que te causen mucho estrés. -
Aumenta
tu resistencia. ¿Has notado que ciertas personas
parecen adaptarse a las circunstancias difíciles sin
alterarse? Se mantienen serenos bajo presión y pueden
resolver los problemas según van surgiendo. Los
investigadores han identificado las cualidades que hacen que ciertas
personas posean una resistencia natural aun cuando se enfrentan a
circunstancias que producen mucho estrés. Si deseas
aumentar tu resistencia, trata de adquirir estas actitudes y
comportamientos:
-
Piensa en los cambios
como retos normales en tu vida. -
Reconoce las demoras y
las derrotas como un problema momentáneo que puedes resolver. -
Piensa que tendrás
éxito si continúas avanzando hacia tu meta. -
Resuelve los problemas
cuando surjan -
Establece relaciones
firmes y cumple con tus compromisos con tu familia y amistades. -
Consigue un buen sistema
de apoyo y pide ayuda. -
Participa en actividades
para relajarte y divertirte con regularidad
Aprende
a pensar que los retos son oportunidades y las situaciones difíciles
no son desastres, sino problemas momentáneos. Resuelve
los problemas y pide ayuda y consejos de otras personas, en vez de
quejarte y permitir que se te acumule el estrés. Fija tus
propias metas y mantente al tanto de tu progreso. Toma tiempo para
relajarte. Sé optimista. Cree en ti mismo. Respira. Permite
que un poquito de estrés te motive a tomar una acción
positiva que te ayude a alcanzar tus metas.
¿POR
QUÉ ESTOY DE TAN MAL HUMOR?
¿Te ocurre alguna
vez que te enfadas o irritas con facilidad sin tener ninguna razón?
¿O que cambias de humor y te sientes triste sin saber por qué?
Cambiar de la tristeza al enfado y de vuelta a la alegría en
cuestión de minutos puede hacer que los adolescentes se
sientan como si estuvieran perdiendo el control. ¿Por qué
estos cambios tan bruscos de sentimientos son tan comunes entre los
adolescentes?
Tener que hacerle frente
a cambios y presiones constantes son parte de la respuesta.
Quizás has comenzado a asistir a una nueva escuela y no has
podido ver a tus antiguos amigos tanto como quisieras. Obtener buenas
notas o querer mejorar en los deportes u otras actividades pueden ser
una preocupación para muchos adolescentes. Puede que se
sientan como si no tuvieran tiempo suficiente para hacer todo.
Ser adolescente significa
luchar con la identidad y la imagen de sí mismo. Ser aceptado
por los amigos es percibido como algo sumamente importante. Los
adolescentes también pueden darse cuenta, por primera vez, de
una sensación de distanciamiento de sus padres o familias.
Puede que quieras estar solo y tomar tus propias decisiones, pero al
mismo tiempo puede ser abrumador y puede que te sientas solo de vez
en cuando. Asi como este período de tu vida puede ser
divertido y excitante, también puede ser una temporada de
confusión y conflicto. Puede tomar algún tiempo para
que los adolescentes y sus familiares se sientan cómodos ante
la transición entre la niñez y la adultez.
Otra
causa importante de los cambios de carácter es la biología.
Cuando comienza la pubertad, el cuerpo comienza a producir hormonas
sexuales. Estas hormonas - el estrógeno y la progesterona en
las hembras y la testosterona en los varones - causan cambios físicos
en el cuerpo. Pero en algunas personas estas hormonas también
son las responsables de causar cambios emocionales - los altibajos en
tu estado de ánimo que a veces te hacen sentir fuera de
control.
Entender que casi todas
las personas atraviesan cambios en su estado de ánimo durante
la adolescencia puede que haga que estos momentos sean más
fáciles de manejar.
-
Cuando
se trata de algo más que un estado de ánimo
Sentirse
irritable o con temperamento fácil de exaltar pueden ser
signos de depresión. También lo son los sentimientos de
aburrimiento y desesperación.
Muchas
personas piensan que estar deprimido es sentirse triste, pero la
depresión también puede manifestarse mediante cambios
de carácter, impaciencia, aburrimiento, enojo, y desinterés.
Cuando la depresión intercede con tu forma de disfrutar la
vida o relacionarte con otras personas, es un signo de que debes de
hacer algo al respecto, hablar con una persona que te aconseje o con
un terapeuta que te ayude a manejar esta condición.
-
Tomando
las riendas
A
continuación detallamos algunas de las cosas que pueden
ayudarte a manejar mejor esos momentos en los que te encuentres
de mal humor:
-
Date
cuenta que no estás solo. Aunque no todos los adolescentes experimentan los mismos cambios de
humor, estos son comunes en la adolescencia. -
Cuenta
hasta diez. O toma aliento o haz algo que te haga tranquilizarte durante unos
momentos, especialmente si te sientes enfadado o irritable. Trata de
analizar la situación desde el punto de vista de un
observador inteligente. -
Habla
con las personas en la que confías. Los amigos pueden ayudarse los unos a los otros cuando se dan cuenta
de que no son los únicos en experimentar ciertos
sentimientos. Hablar con los padres también es importante.
Tus padres pueden compartir contigo sus propias experiencias sobre
cómo controlan sus momentos de mal humor. Además,
ellos apreciarán que trates de explicarles cómo te
sientes en vez de responder con un portazo. Los maestros y los
consejeros suelen ser buenos recursos, y un doctor puede guiarte en
temas del desarrollo. Esconder tus sentimientos en tu interior hace
que parezcan más terribles de lo que son. -
Haz
ejercicio. Hacer ejercicio con regularidad produce más beta-endorfina,
la hormona que controla el estrés y mejora el estado de
ánimo. Corre, juega tenis, monta tu bicicleta o dale puños
a una bolsa de boxeo. -
Duerme
lo suficiente. Aunque puede que sea difícil que tengas tiempo, descansar lo
suficiente es muy importante. Estar cansado puede ocasionar más
tristeza e irritabilidad. -
Crea. Participa en algún tipo de proyecto, como comenzar un diario,
construir algo con madera o comenzar una pieza de arte o de música.
Escribir puede ayudarte a organizar y expresar tus pensamientos y
sentimientos y ayudará a hacer todo más llevadero. No
te preocupes en cuanto a la gramática, las faltas de
ortografía o de puntuación; lo importante es que
escribas tus pensamientos. Haz lo mismo en proyectos de pintura,
escultura, música u otras formas de expersión de arte.
Pon tus sentimientos en tus trabajos de arte. -
Llora. No hay nada malo con llorar, de hecho, llorar suele hacer sentir
mejor a las personas. Sin embargo, si te encuentras triste,
irritable, aburrido o desesperado la mayor parte del tiempo o si no
consigues olvidar tus tristezas, puede que estés deprimido y
necesites ayuda de un consejero o un doctor. Si te sientes estresado
o enojado la mayor parte del tiempo, pedir ayuda puede ser algo muy
útil para ti. -
Espera. Así como puedes sentirte de mal humor sin ninguna razón
aparente algunas veces, este estado de ánimo también
puede pasar. Si tu estado de ánimo negativo continúa
durante mucho tiempo - o si interfiere con la manera en la que te
relacionas con tus amigos, padres, escuela o actividades?entonces
puede que debas hablar con un consejero en la escuela, tus padres o
un terapeuta acerca de lo que puedes hacer para sentirte mejor.
¿POR
QUÉ SOY TAN TÍMIDO?
Llevas todo el mes
pensando en el nuevo chico que acaba de llegar a tu clase: ¡está
como un tren! Ves al objeto de tu deseo acercándose a los
casilleros, respiras profundamente, confías en que tu
desodorante no te abandone y te diriges hacia él. Pero,
mientras te acercas a él, te enfocan sus perfectos ojos verdes
y, de repente, te quedas sin respiración - y se te olvida
completamente lo que querías decirle. De modo que sigues
avanzando...pasas de largó a semejante bombón y te
detienes frente a la vitrina de los trofeos, simulando estar
fascinada por la placa del campeonato de bádminton masculino
de 1992. Te armas de valor. ¡Demasiado tarde! Una amiga tuya ha
iniciado con él la conversación que te habría
gustado mantener a ti. Miras fijamente los trofeos cubiertos de polvo
y te avergüenzas de tu dichosa timidez.
¿Por qué te
cuesta tanto acercarte a gente desconocida o probar cosas nuevas? Si
titubeas a menudo porque te preocupa lo que puedan pensar los demás
o temes que te rechacen, parecer tonto, pasar vergüenza o
cometer un error, lo más probable es que la culpa la tenga la
timidez.
-
¿Qué
es la timidez?
La
timidez es una emoción social que afecta a cómo siente,
piensa y se comporta una persona. La timidez hace que nos sintamos
incómodos, cohibidos, asustados, nerviosos o inseguros ante
los demás. Cuando a una persona le asalta la timidez, se
reprime de decir o hacer cosas porque le preocupa cómo podrían
reaccionar los demás. La timidez también puede ir
acompañada de sensaciones corporales, como ponerse rojo,
temblar, tener náuseas o quedarse sin habla o sin respiración.
La
timidez nos suele asaltar en determinados tipos de situaciones
sociales - como el primer día de clase, cuando conocemos a
gente nueva, cuando iniciamos una conversación con alguien que
nos atrae o cuando hacemos una exposición oral en clase. Es
más fácil que nos sintamos tímidos en
situaciones donde no estamos seguros de qué va a ocurrir o
cómo reaccionarán los demás, o cuando sabemos
que todas las miradas van a posarse en nosotros. Es menos probable
que nos sintamos tímidos en situaciones en que sabemos qué
podemos esperar, qué debemos hacer o decir, y cuando estamos
entre gente conocida.
Hay
gente más tímida que otra. Una persona puede ser un
poco tímida, medianamente tímida o extremadamente
tímida. A algunas personas que son un poco o medianamente
tímidas les entra la timidez sólo en determinadas
circunstancias. A estas personas, la timidez les hace sentirse
incómodas al principio, pero la suelen vencer al cabo de unos
minutos. A menudo aprenden a luchar contra esa timidez inicial,
conscientes de que, en cuanto entran en calor, al familiarizarse con
la gente nueva o la nueva situación, superan esa reacción
inicial.
Pero
a las personas extremadamente tímidas les cuesta mucho vencer
esa timidez inicial, lo que les lleva a evitar muchas situaciones
sociales, tener graves dificultades para hacer nuevas amistades o
evitar probar cosas nuevas. A la larga, esto puede interferir con su
confianza en sí mismas y su autoestima.
-
¿Qué
provoca la timidez?
La
timidez leve o moderada es como cualquier otra emoción - al
igual que la alegría y la tristeza, la timidez puede ser una
parte de cómo experimentamos las cosas y reaccionamos ante
ellas. Pero hay otros factores que también pueden influir
sobre la timidez:
-
Temperamento. Hay gente tímida por naturaleza, del mismo modo que hay gente
que es malhumorada, impulsiva, alegre, nerviosa o tranquila. Los
científicos creen que el temperamento está determinado
por los genes que heredamos de nuestros sus padres. Una persona de
temperamento tímido es más probable que sea cauta, le
cueste más adaptarse a los cambios, prefiera lo familiar a lo
desconocido y titubee cuando se enfrente a algo nuevo. La gente con
un temperamento tímido también tiende más a
observar antes de unirse a un grupo. Es posible que sea más
sensible a las emociones - no sólo las suyas, sino también
las de los demás. Debido a su sensibilidad emocional, las
personas que tienen este temperamento suelen ser amables y
preocuparse por los demás. -
Conducta
aprendida. La tendencia natural de una persona a ser tímida puede verse
influida por lo que aprende de otras personas, especialmente los
demás miembros de su familia. Si los padres de un niño
son sumamente cautos o tímidos y les cuesta mucho
relacionarse con otra gente, su comportamiento puede enseñar
a su hijo (sobre todo si éste tiene un temperamento tímido)
que relacionarse con otras personas es desagradable o estresante -
¡incluso sin pretenderlo! Asimismo, los niños pequeños
aprenden a esperar determinadas reacciones en función de cómo
responde la gente a sus acciones. Si un niño crece en un
ambiente donde recibe constantemente reacciones críticas o
juicios negativos, se convertirá en un adulto que esperará
que los demás lo juzguen mal. Estos niños tienen más
probabilidades de ser reservados, tímidos y miedosos y de
dejarse intimidar por determinadas situaciones. -
Experiencias
desagradables. Lo que aprende una persona a través de su propia experiencia
también puede repercutir sobre su timidez. Una persona de
temperamento tímido puede volverse todavía más
retraída si le fuerzan demasiado a participar en situaciones
nuevas y/o que le hacen sentirse incómoda. Si una persona
tímida es objeto de burlas, intimidaciones, malos tratos o
humillaciones procedentes de otros niños de su edad, sus
hermanos y/o adultos, lo más probable es que todavía
se retraiga más sobre sí misma. Sin embargo, si a una
persona tímida no la fuerzan y le permiten acercarse a las
cosas nuevas poco a poco, esa experiencia positiva le ayudará
a perder parte de su timidez.
-
¿Qué
puedes hacer con la timidez?
La
buena noticia es que nadie está predestinado a ser tímido.
Las personas con temperamento tímido pueden superar la
timidez. Las viejas pautas de conducta y las malas experiencias
pueden ser sustituidas por experiencias nuevas y positivas que les
enseñen nuevas habilidades. Si eres una persona tímida,
la clave para superar tu timidez consiste en rodearte de buenas
personas.
La
forma en que la gente reacciona ante una persona tímida puede
cambiar profundamente las cosas. Cuando uno es tímido, el mero
hecho de que alguien lo entienda y lo acepte es sumamente importante.
Esa persona puede ser un padre, un hermano, un tío, un primo,
un profesor, un psicólogo o su mejor amigo. Saber que hay
alguien que te apoya mientras tu vas avanzando pasito a pasito puede
ayudarte a superar la timidez.
Los
buenos amigos y los familiares que te apoyan sabrán ayudarte a
afrontar las nuevas experiencias a tu propio ritmo. Los amigos que te
aprecian de verdad también sabrán que no deben
sobreprotegerte. El hecho de proteger a alguien de determinada
experiencia no le enseña a afrontarla. La gente
sobreprotectora te está enviando el mensaje de que la
experiencia es excesiva para una persona tan tímida como tú
-aunque no lo crea realmente. ¡Esto no es precisamente algo que
fomente la confianza a en uno mismo!
He
aquí algunos consejos que te pueden ayudar si tienes problemas
de timidez:
-
Aprende
y practica habilidades sociales. Las personas tímidas se dan a sí mismas menos
oportunidades para practicar conductas sociales. No es de extrañar
que las personas que evitan relacionarse socialmente por timidez no
se sientan tan seguras en las situaciones sociales como otras
personas de su edad que son muy sociables. Practica conductas
sociales como el contacto ocular, el lenguaje corporal que trasmite
seguridad, las sonrisas, presentarte ante un desconocido, hablar
sobre nimiedades, formular preguntas y las invitaciones con aquellas
personas con quienes te sientes más cómodo. Construye
la seguridad y la confianza en ti mismo de este modo. -
Planifica
las cosas con antelación. Cuando te sientas preparado para probar algo que llevas tiempo
evitando - como llamar a alguien por teléfono o iniciar una
conversación - anota lo que quieres decir antes de lanzarte.
Ensáyalo en voz alta, tal vez delante de un espejo. Y después
lánzate. No te preocupes si no te sale perfecto (pocas de las
cosas que hacen otros chicos que parecen más seguros de sí
mismos son perfectas). Pero siéntete orgulloso de haberte
atrevido. La próxima vez todavía te saldrá
mejor porque te resultará más fácil. -
Sé
tu mejor amigo. A las personas tímidas les preocupa lo que los demás
puedan pensar sobre ellas. Puesto que siempre están
pendientes de la posibilidad de que alguien pueda formarse una mala
opinión de ellos, suelen ser bastante críticos. Y ¿con
quién son más críticos? Consigo mismos. Fíjate
en la dureza con que te juzgas a ti mismo y pregúntate si
criticarías a tu mejor amigo con la misma dureza por lo
mismo. En caso negativo, trátate como a tu mejor amigo.
Acéptate con todas tus imperfecciones. -
Compórtate
como si no fueras tímido. ¿Te parece raro? El "actuar como si" es una técnica
que te puede ayudar a adoptar una actitud de mayor seguridad y
confianza en ti mismo y permitirte probar comportamientos sociales
que no sueles practicar. Piensa en alguien cuyo don de gentes que
admiras y respetas, y actúa como si estuvieras en su piel. -
Desarrolla
la asertividad. Las personas tímidas suelen ser menos asertivas (es decir,
les cuesta más reivindicar sus derechos y hacerse valer),
pero eso no significa que sean unos llorones o unos cobardes. Al
preocuparles tanto las reacciones de los demás, no les gusta
"complicar las cosas". Y eso puede hacerles más
reacios a defender sus derechos cuando deberían hacerlo,
pedir lo que quieren o necesitan o quejarse cuando alguien le pisa
(¡qué daño!). El desarrollo de la asertividad
puede ayudar a una persona a encontrar formas respetuosas de
defenderse y hacerse valer y a desarrollar el respeto por sí
misma. -
Céntrate
en tus puntos fuertes. ¿En qué eres bueno? ¿De qué cualidades
te sientes más orgulloso? Pregunta a tu mejor amigo o a los
miembros de tu familia cuáles creen que son tus mejores
cualidades. Cuando te encuentres es una situación que te
impone, piensa en tus cualidades y en tus puntos fuertes. Cuando una
persona se cree competente, se siente más segura y aumenta su
confianza en sí mismo. -
Ya
está bien como eres. No podemos modificar nuestra verdadera naturaleza interna. (¿Y
para qué lo íbamos a hacer? Si todos fuéramos
perfectos, todos seríamos iguales - ¡y nos aburriríamos
muchísimo!) Pero sí podemos aprender comportamientos
externos, como "actuar como si" y el lenguaje corporal que
transmite seguridad a fin de afrontar mejor determinadas situaciones
sociales.
-
Cuando
la timidez es extrema
Nada
menos que en una de cada diez personas, la timidez es tan fuerte como
cualquier miedo intenso. Estas personas pocas veces se sienten
cómodas cuando están con otra gente y pueden sentir una
gran ansiedad en prácticamente cualquier situación
social. Una timidez leve puede llevar a una persona a ponerse como un
tomate y a desear refugiarse bajo la mesa cuando mete la pata en
clase. Pero la timidez extrema puede interferir con la capacidad de
una persona para hablar en clase. Una persona extremadamente tímida
puede pasarse toda la clase sin prestar atención por lo mucho
que le preocupa que el profesor pueda preguntarle algo.
La
timidez extrema puede hacer que una persona se sienta tan a disgusto
en una fiesta o tenga tanto miedo de no saber qué decir en una
comida que acabe por evitar completamente tales situaciones. Este
tipo de timidez extrema se conoce como fobia
social.
Como otras fobias, la fobia social es una reacción de miedo
ante algo que realmente no es peligroso, aunque tanto el cuerpo como
la mente reaccionan como si el peligro fuera real. Una persona con
fobia social que tiene terror a que un profesor le pregunte en clase
puede dejar de ir a clase.
Cuando
una persona es extremadamente tímida o le da tanto miedo
hablar con los demás que deja de hacerlo en el colegio o
instituto, con determinadas personas o en determinadas situaciones
sociales, padece el tipo de fobia social conocido como mutismo
selectivo. Esto significa simplemente que la persona no habla
(mutismo) en determinadas situaciones pero sí en otras
(selectivo). Las personas que se ponen demasiado nerviosas para poder
hablar porque padecen fobia social o timidez extrema pueden mantener
conversaciones completamente normales con aquellas personas con
quienes se sienten cómodas (como sus padres o hermanos, o su
mejor amigo) o en determinados lugares (por ejemplo, en casa). Pero
otras situaciones sociales les provocan un malestar tan extremo que
se quedan completamente sin habla.
A
pesar de que evitar las situaciones que desencadenan la fobia social
puede parecer un alivio al principio, en el fondo, con ello sólo
consigue empeorar las cosas. Cuanto más evite una persona las
situaciones problemáticas, más miedo le darán.
Esa persona podría ir evitando cada vez más situaciones
sociales hasta acabar completamente sola y asilada en su casa.
Debido
a la intensidad de los sentimientos implicados en la timidez extrema,
intentar superarla solo puede ser mucho más difícil que
hacerlo con ayuda. Las personas con fobia social o mutismo selectivo
a menudo necesitan la ayuda de un experto para hablar sobre sus
dificultades y ayudarles a encontrar soluciones a sus problemas. Los
psicoterapeutas especializados en el tratamiento de la timidez no
sólo pueden enseñar a una persona tímida nuevas
habilidades sociales, sino también a controlar la ansiedad y a
reducir el estrés asociado a la fobia social.
-
Suprime
"el evitar"
¿Qué
te pasa cuando vas a entrar en una piscina y encuentras el agua muy
fría? Si te tiras inmediatamente, te olvidas enseguida de lo
fría que está de lo bien que te lo pasas nadando.
Imagínate que la próxima vez ni siquiera metes el pie
porque te dices a ti mismo: "seguro que está fría,
¡me voy a congelar!". Eso es la evitación. Es lo
mismo que pensar en decirle algo al entrenador y después
echarte atrás porque crees que podrías pasar vergüenza
al hacerlo. ¿Sabes una cosa? Tal vez te dé un poco de
vergüenza al principio, pero puedes hacerlo.
Volvamos
a la piscina. ¿Qué ocurre cuando te tiras de golpe al
agua fría? Al cabo de un rato, ya no la encuentras tan fría,
no sólo porque el agua se ha calentado un poco, sino sobre
todo porque tú te has acostumbrado a su temperatura. Con la
timidez ocurre lo mismo. Si permaneces en una situación, te
habitúas a ella y entras en calor. Pero entrar en calor no
sólo es cuestión de resistencia. Si una persona se
queda completamente inmóvil dentro del agua fría,
probablemente empezará a temblar y no se calentará
mucho. De ahí la similitud entre la piscina y una situación
social. Para calentarte, tendrás que estar un poco activo,
movilizando tus habilidades sociales. Habla, sonríe, di algo
(¡cualquier cosa!), y recuerda tus puntos fuertes. No es fácil,
pero merece la pena. Después de todo, el chico bueno de
preciosos ojos verdes tal vez quiera hablar contigo - pero es
demasiado tímido para dar el primer paso.
¿POR
QUÉ DISCUTO TANTO CON MIS PADRES?
La ropa que llevas. Los
alimentos que comes. El color de las paredes de tu habitación.
A dónde vas y cómo llegas allí. Con quién
sales. A qué hora te acuestas por la noche.
¿Qué tienen
en común todas esas cosas? -te preguntarás. Son unos
pocos de los cientos de ejemplos de cosas que tus padres controlaban
en tu vida cuando eras un niño. En calidad de niño, no
tenías voz ni voto en muchas de las cosas que sucedían
en tu vida; tus padres tomaban todas las decisiones, desde qué
comías a la hora del desayuno hasta qué pijama te
ponías para dormir. Y ya te estaba bien - los niños
necesitan ese tipo de protección y asistencia, porque no son
lo bastante maduros para cuidar de sí mismos ni para tomar
decisiones sobre cuestiones importantes.
Pero,
con el tiempo, los niños crecen y se convierten en
adolescentes. Y parte del hecho de ser un adolescente consiste en
desarrollar una identidad propia - una identidad que difiera de las
identidades de tus padres. Es completamente normal que los
adolescentes tengan sus propias opiniones, ideas y valores sobre la vida; eso es precisamente lo que
les prepara para la etapa adulta.
Pero, mientras tú
vayas cambiando y convirtiéndote en esa nueva persona capaz de
tomar sus propias decisiones, es posible que a tus padres les cueste
bastante adaptarse al cambio. Todavía no han tenido tiempo
para acostumbrarse a tu nuevo "yo" - todavía te ven
como a aquel niño a quien no le importaba que lo decidieran
todo por él.
En la mayoría de
las familias, este proceso de adaptación suele provocar muchas
discusiones entre padres e hijos. Tú quieres decorar las
paredes de tu habitación con carteles; ellos no entienden por
qué han dejado de gustarte los dibujos que siempre has tenido
en tu dormitorio. A ti te parece bien pasarte con tus amigos por el
centro comercial cada tarde al salir del colegio o del instituto,
pero ellos preferirían de practicaras algún deporte.
Este tipo de enfrentamientos son muy frecuentes entre padres e hijos
durante la adolescencia -los adolescentes se enfadan porque
consideran que sus padres no los respetan y no les dejan espacio para
hacer lo que les gusta, y los padres se enfadan porque no están
acostumbrados a no llevar el control.
Es fácil acabar
muy dolido en este tipo de conflictos. Y cuestiones más
complejas, como el tipo de amigos que tienes o tu actitud hacia el
sexo o salir por las noches, pueden desencadenar discusiones incluso
más fuertes, porque tus padres siempre intentarán
protegerte y garantizar tu seguridad, independientemente de la edad
que tengas.
La buena noticia sobre
las discusiones que tienes ahora con tus padres es que en muchas
familias este tipo de peleas disminuyen a medida que los padres
se van haciendo a la idea de que sus hijos tienen derecho a tener sus
propias opiniones y una identidad que puede diferir bastante de las
suyas. De todos modos, es posible que tanto tú como tus padres
necesitéis varios años para adaptaros a los nuevos
roles. Mientras tanto, haz un esfuerzo por comunicarte con tus padres
lo mejor posible.
A
veces te parecerá imposible - como si tus padres no fueran
capaces de entender tu punto de vista y nunca fueran a cambiar. Pero
el hecho de hablar y expresar educadamente tus opiniones puede ayudarte a ganarte el respeto de tus padres, y podríais llegar
a acuerdos satisfactorios para ambas partes. Por ejemplo, si estás
dispuesto a limpiar tu habitación para poder volver a casa una
hora más tarde, tanto tú como tus padres saldréis
ganando. Además, ten en cuenta que todos los padres han sido
adolescentes y en la mayoría de los casos pueden hacerse una
idea de lo que están pasando sus hijos.